Hija de la gota fría

Por Carlos Benetó

La tarde se presentaba muy nublada. Al salir de clase, de camino a casa ya se podía observar acercándose por el Oeste una nube interesante (foto 1).



A las 17:00 en el Mapa Nacional de Rayos se veía al oeste de Valencia una gran mancha roja. Lo mismo se podía ver en el radar de reflectividad.
A las 18:00 la tormenta ya estaba prácticamente encima de Valencia. Al parecer se había formado una supercélula que se decidía a atravesar la ciudad de Oeste a Este.
Los colores y contrastes eran espeluznantes, bajo la base de la tormenta una extraña luz verde dejaba ver las cortinas de agua (foto 2).



La actividad eléctrica aumentaba considerablemente a medida que se acercaba, se podían contar hasta 10 rayos por minuto.
En ese momento ni siquiera chispeaba, un rato después la nube tapa casi por completo la poca luz que había (foto3).



Al ser tan solo las 19:00 las farolas no estaban encendidas, la oscuridad crea más ambiente de tormenta. Los rayos iluminan por centésimas de segundo las calles y comienza a llover en cuestión de 2 minutos. (foto 4).



Entre trueno y trueno se escucha un gran silencio, el aire está cargado de electricidad y se nota la humedad en el ambiente.
Tras el terrorífico arcus se podía observar la “extraña luz verde” ya mencionada anteriormente (foto 5).



Decidí bajar a la calle a vivir bajo o el paraguas la tormenta, en el momento de cerrar la ventana solo caían goterones que iban oscureciendo a redondeles el color de las aceras. Y en lo que se tarda bajar desde un segundo piso por la escalera a la calle se ha puesto a diluviar muy fuertemente. El agua cae con tanta fuerza y cantidad que rebota y bajo el paraguas te mojas hasta las rodillas (foto 6).

Tras un paseo de media hora la tormenta comienza a alejarse hacia el Este, camino a las Islas Baleares. El espectáculo ha sido intenso durante más de 2 horas.
Mientras la tormenta se alejaba otras se acercaban, dispuestas a descargar durante la madrugada, todas nacidas de la gota fría.